El uso de metales como litio, cobre o bario permite teñir el cielo con colores nunca vistos en meteoros
Mirar al cielo en busca de estrellas fugaces, u otros entes espaciales que todos englobamos como si fueran estas, es algo que todo el mundo hace cuando se planta frente a un cielo despejado de noche. Hay que tener suerte y paciencia, salvo las esporádicas noches que hay lluvias de estrellas, pero por lo general se trata de pura casualidad.
No obstante, la tecnología y su constante desarrollo permite al ser humano alcanzar aquello que hasta ahora tan solo era posible por la naturaleza, es decir convertir algo real y natural en algo artificial. Un claro y asombroso ejemplo de ello es lo que ha logrado la astrónoma y emprendedora japonesa, Lena Okajima.
Esta es la fundadora de la empresa ALE (Astro Live Experiences) con la que ha conseguido recrear artificialmente la entrada de meteoroides en la atmósfera. El proyecto, llamado Sky Canvas busca transformar la atmósfera superior de la Tierra en un gigantesco lienzo donde convergen el arte y la ciencia.
El objetivo es ofrecer espectáculos celestiales para grandes eventos, como ceremonias de inauguración olímpicas, celebraciones nacionales o eventos privados a gran escala. Para ello diseñó un ejército de microsatélites colocados en órbita (a unos 400 o 500 kilómetros)y dispositivos actúan como "lanzadores" que liberan pequeñas esferas de metal, de apenas un centímetro de diámetro.
Al ser liberadas con una velocidad y un ángulo calculados milimétricamente, estas partículas reingresan en la atmósfera terrestre. Al entrar en contacto con las capas de aire a unos 60 u 80 kilómetros de altura, la fricción genera un calor extremo que vaporiza las esferas, creando un rastro luminoso que imita a los meteoros naturales.
La gran innovación de este proyecto radica en la variedad cromática: mediante el uso de diferentes metales —como litio para el rosa, cobre para el verde o bario para el azul—, Japón ha logrado que el cielo se tiña de colores vibrantes que no se encuentran en las lluvias de meteoros convencionales.
A pesar de las críticas sobre la posible contaminación lumínica o el aumento de la basura espacial, la empresa ha asegurado que sus partículas se desintegran completamente antes de llegar al suelo, garantizando una seguridad total.
Fuente:
eleconomista.es